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RELEXIÓN SOBRE CATALUÑA

Antes del artículo, unas aclaraciones para que las víctimas del Sistema Educativo actual, no se lleven a engaño:


A) Porque somos catalanes y conocemos nuestra historia, amamos profundamente Cataluña y lógicamente, igualmente amamos al resto de España. Lo hemos dicho en otras ocasiones y nos gusta repetirlo tanto como podemos, para contrarestar el odio que otros siembran.

B) Estamos en contra de la inmersión lingüística obligatoria al catalán (donde TODO se estudia en catalán, salvo las dos horas de idioma inglés y las otras dos de castellano), porque consideramos que lo ideal sería un sistema que dedicase un 50% a cada lengua.

C) Como señalara S.S. Benedicto XVI en los "Principios No Negociables", es de Orden Natural que sean los padres y no el Estado, quien decida sobre la educación de los hijos. Si estos no quieren la inmersión linguística, el Estado ha de respetar y asegurar que se cumplan sus deseos.

D) Los niños castellanohablantes están siendo muy perjudicados por la inmersión linguística catalanista obligatoria (por esa causa doblan el fracaso escolar a los catalanohablantes).

E) La ONU reconoce como derecho de la infancia, que los niños puedan estudiar en su idioma materno.

F) Las lenguas y las culturas NO tienen derechos. Los derechos son siempre de las personas que las utilizan.


Dicho todo lo anterior:

No confundan nunca lo catalán (que es tan español o más, que lo más castizo que puedan encontrar en Madrid) con lo catalanista... Lo catalanista tiene de auténticamente catalán (o de español), lo que nosotros de chinos.

A) El catalán es un patrimonio y una riqueza cultural española de primer orden. Como tal debe de ser defendido y apreciado, por TODOS los que realmente saben lo que es ser español y se sienten españoles.

B) Si un español desprecia el catalán o lo catalán... seguramente es un liberal de tomo y lomo que, o no conoce la historia de España, o es mas tonto que pifia.


Y para terminar:

Como conocemos y respetamos nuestra historia, sabemos que las autonomía son una auténtica tomadura de pelo a todo el pueblo español, porque en vez de servir para descentralizar el Estado, recentralizan 17 veces lo que el estado descentralizó. Así y volviendo al caso catalán, la autonomía catalana recentraliza en Barcelona lo que debería de llegar directamente a municipios, comarcas, universidades y demás cuerpos intermedios entre el hombre y el Estado, doblando así la burocratización y la corrupción.

Rechazamos absolutamente el separatismo e igualmente nos ofende el centralismo. Encontramos la solución en la realidad histórica de nuestros pueblos, concretándolos en los principios de SOLIDARIDAD (para colaborar aun sacrificándonos en lo que sea necesario para beneficio de todos) y de SUBSIDIARIDAD del Estado ante la sociedad (para defender frente al centralismo estatal, las hermosas diferencias que hacen de los pueblos de España, un mosaico variado y rico).

Les dejamos con el artículo remitido y traducido del catalán, por D. Felipe Vives Surià:


 

Cataluña será interdependiente, nunca independiente


1.- Ninguna comunidad política tiene un derecho soberano exclusivo y excluyente sobre un territorio. En el siglo XXI ninguna comunidad política es independiente, sino interdependiente. La interdependencia se fundamenta en que el centro de la comunidad política es la persona y no el territorio ni la lengua. La persona puede formar parte simultáneamente de diversas comunidades políticas interdependientes: Cataluña, España, Europa y la comunidad internacional. El problema de la Constitución de 1978 es que dificulta la aplicación del principio de subsidiariedad. Este principio exige que sea la comunidad política menor (la familia, el municipio, Cataluña) la que decida el nivel competencial y las cargas que puede asumir de forma razonable y responsable, es decir, con todas las consecuencias políticas, fiscales, económicas y sociales; el otro principio, el principio de solidaridad reclama, en cambio, que el bien de la comunidad menor (Cataluña) esté siempre al servicio de un bien común más amplio y general (España, Europa, comunidad internacional).


2.- La Constitución de 1978 ha estimulado la solidaridad entre las comunidades, pero no suficientemente la subsidiariedad. Por ello Cataluña no acaba de encajar en un marco constitucional demasiado uniforme. Cataluña, pues, tiene que aspirar a ser una comunidad política que se rija, por fin, por el principio de subsidiariedad, un principio enunciado en el Tratado de Maastricht (1992). Este principio desplegará su virtualidad política, económica, fiscal, financiera, social y cultural y se convertirá en el eje vertebrador de la nueva UE, libre ya de nacionalismos jacobinos e independentismos inviables. Se están creando ya las estructuras para una UE integrada financieramente, económicamente, fiscalmente y también políticamente. El BCE es el precursor de la nueva UE que se transformará en una estructura con un presidente electo y una cámara alta territorial de los Estados miembros. El principio de subsidiariedad se encuentra en las raíces cristianas de Europa: es su ADN constitutivo (Adenauer, Schumann, De Gasperi). El principio de subsidiariedad es también el principio social con más virtualidad civilizadora, según la Doctrina Social de la Iglesia.


3.- El excanciller Ludwig Erhard, el ministro de Economía y Finanzas que hizo posible el milagro económico y social de Alemania (Wirschaftswunder), hace más de 50 años ya lo vio claro: “Es necesario que se reconozca el principio de subsidiariedad como uno de los más importantes principios ordenadores de la sociedad política. La protección obligatoria estatal (Seguridad Familiar) tiene que detenerse donde la familia se encuentra en condiciones de asumir su seguro de prevención con responsabilidad personal (Seguridad Familiar).” Pero siete siglos antes, el gerundense Francesc Eiximenis ya había enunciado este principio con total claridad: “Antes que las comunidades existiesen, estaban los hombres separados por casas.” El seny (juicio) y la bona rahó (buena razón) hicieron que en Cataluña las casas y las familias no dieran nunca a nadie potestad absoluta sobre ellas mismas, sino amb certs pactes o lleis (con ciertos pactos y leyes), y solo per millor estament llur (para su mejos bienestar), como ha explicado de forma excepcional Joan B. Vallet de Goytisolo en su obra: Reflexions sobre Catalunya. Relligament, interacció i dialéctica en la seva Història i en el seu Dret (2007).


4.- En España y en Cataluña, según los grandes juristas Francisco Elías de Tejada, Joan B. Vallet de Goytisolo y Álvaro d’Ors, el principio de subsidiariedad recibe el nombre de foralismo. Roca i Junyent y Jordi Pujol rechazaron el foralismo en 1978 a favor del nacionalismo catalán (estatista-jacobino). Instalado en Cataluña hace más de treinta años (inmenso error) supone la más perfecta antítesis, deformación y suplantación de la mejor tradición política de la Cataluña de siempre y de la UE que nos espera. El nacionalismo jacobino independentista de la Generalitat actual no tiene ADN catalán, sino el ADN del nacionalismo jacobino de la Revolución Francesa; el ADN de Cataluña ha sido y tiene que ser el principio de subsidiariedad o foralismo.


5.- Con el foralismo, en estos momentos, ya estaríamos en condiciones de formar parte de la nueva UE con los deberes hechos y adelantados (y no con una Generalitat en quiebra, con una deuda porquería, con un déficit insoportable, con un paro galopante, con una corrupción institucional y clientelar, con un modelo de Administración intervencionista-estatista-burocrático (Estado propio) inviable dentro de la UE, con una partitocracia impresentable y con la suplantación de la mejor tradición política y cultural catalana), deberes que por su parte tendrán que cumplir necesariamente todos los Estados miembros –España incluida- para poder desarrollarse con normalidad dentro de la UE definitiva.


6.- Algunas personas indocumentadas están a favor “de eliminar las haciendas forales”, con muchas posibilidades de que pasen al armario de la Historia. El gran antropólogo Claude Lévi-Strauss era una de las personas más documentadas. El célebre autor de Tristes tropiques, exdeudor de Freud y de Marx, al final de su centenaria vida, escribió una de las páginas más esperanzadoras para el siglo XXI:


7.- “Si el etnólogo se atreviese a jugar el papel de reformador, si se atreviese a decir: ‘He aquí por qué la experiencia de miles de sociedades os puede servir a vosotros, los hombres de hoy’, preconizaría, sin lugar a dudas, una descentralización a todos los niveles para conseguir que el mayor número de actividades sociales y económicas pudiesen llevarse a cabo con aquellos niveles de autenticidad en los que los grupos están constituidos por hombres que tienen un conocimiento concreto los unos de los otros.”
8.- Con estos sencillos términos Lévi-Strauss descubre el principio de subsidiariedad e inicia el retorno hacia la concepción clásica del origen de la sociedad. La libertad política tiene su origen en el grupo social humano más descentralizado: la familia foral. “Un hijo nace de su padre y se mantiene junto a él; he aquí el origen y la causa de la sociedad.” Con estas palabras Montesquieu afirmaba que la familia no solo es el fundamento de la sociedad civil, sino la primera célula política. “El poder político comprende necesariamente la unión de varias familias.”


9.- La visión clásica del origen de la sociedad –de la que reniega el mundo nominalista moderno- viene confirmada hoy por una de las perspectivas que abre la Física cuántica para comprender el orden del cosmos. Jacques Rueff, posiblemente el economista más importante del siglo XX, en su obra Les dieux et les rois, considera que la necesaria interacción que se observa en la mecánica ondulatoria nos permite comprender la superposición de distintos niveles de organización política, caracterizados cada uno de ellos por su autonomía y la interacción de sus
elementos: un orden no puede constituirse si no es a partir de un orden inmediatamente anterior. He aquí el enunciado científico del principio de subsidiariedad.


10.- No es la nación jacobina sino la familia foral el único grupo social vivo, capaz de crear vínculos y lazos sociales vivos, superiores, espirituales y civilizadores, capaz de capitalizar amor. La familia es patrimonio acumulado y transmitido; patrimonio genético, patrimonio de bienes materiales, fruto del trabajo; patrimonio espiritual y civilizador de costumbres, de virtudes, de valores, de ritos y de fiestas que vienen a constituir la memoria y la vinculación entrañable de las generaciones. Sin familia no hay entrega amorosa expansiva. La democracia moderna partitocrática ha despojado a la familia de sus atribuciones más entrañables. La democracia moderna partitocrática, plutocrática y cleptocrática ha destruido políticamente la familia foral.


11.- No obstante, en la comunidad de familias forales –y no en la partitocracia- residirá siempre la fuerza de los pueblos libres si las familias per millor estament llur (para su mejor bienestar), están dispuestas a pactar municipios libres. “Es en el municipio donde reside la fuerza de los pueblos libres. Las instituciones municipales son a la libertad lo que las escuelas primarias a la ciencia: ellas ponen la libertad al alcance del pueblo.” (Alexis de Tocqueville)


12.- El nacionalismo estatista-jacobino de la Generalitat, instalado en nuestra tierra desde hace más de treinta años y el independentismo inviable, nos apartan de la mejor tradición política catalana y nos alejan de la UE que se regirá por el principio de subsidiariedad, principio arraigado en la “naturaleza misma de las cosas.” Las familias catalanas tendrían que volver a sus raíces para crecer libres, prósperas y solidarias. “El Estado propio mesiánico” que el nacionalismo jacobino y el independentismo inviable quieren imponer mediáticamente, se quiere edificar sobre un intervencionismo ineficiente, sobre una corrupción institucional, contra la libertad de las familias y sobre la inviabilidad política dentro de la UE. Es la perfecta antítesis del “buen gobierno” que las familias catalanas necesitan. De abajo a arriba: así es como crecen las plantas, así es como tendría que crecer la comunidad política catalana, que mira al futuro. Familias fuertes, municipios libres, Generalitat regida por el principio de subsidiariedad, economía social de mercado (capitalización popular), monarquía federativa, unión europea: he aquí el programa político que las familias forales catalanas tendrían que desplegar en toda su virtualidad en un futuro inmediato, si quieren salir de la postración actual.


- Francesc BARTUMEU SANLLEHÍ. 
- Miquel BATLLORI SANS. 
- Pere BRUNSÓ AYATS.


 
 
     

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